jueves, 10 de mayo de 2012

¿Un Parlacén diferente?


¿A quién le corresponde potenciar la integración centroamericana? ¿Al Parlacén?, ¿a los gobiernos de los Estados? ¿o la demanda ciudadana?

Álvaro Velásquez

Periódico Siglo XXI de Guatemala
Jueves 10 de Mayo 2012
alvarovelasquez@intelnett.com
Coincidí en un evento con el Presidente del Parlamento Centroamericano (Parlacén), Carlos Pichardo, quien fue entusiasta en explicarme algunos elementos de su gestión, los cuales deseo compartir, no sin dejar de expresar mis propias preocupaciones sobre el tema.
Pichardo es dominicano, lo cual ya es una nota en sí misma puesto que durante muchos años República Dominicana sólo fue un miembro observador del Parlacén, mientras que ahora, dicho país ya es miembro pleno y la presidencia ayuda a acercar al Istmo con los países del Caribe, lo cual obliga a repensar el concepto tradicional de Centro América. Pichardo, además, forma parte de una primera generación de políticos dominicanos que desde 2010 ya fueron electos en su país para integrar este foro regional.
Le hice ver que mis ideas respecto al Parlacén eran ambiguas: por un lado, la idea de la integración centroamericana es inevitablemente positiva, pero que su existencia tiene varias aristas negativas, al menos en la percepción, que lo hacen sonar como a un elefante blanco en la medida que consume dinero sin resultados tangibles para los ciudadanos de a pie; además, que parece refugio del nepotismo partidario o premio de consuelo para políticos oscuros,  financistas; eso, sin mencionar que el organismo en sí parece decorativo con relación a los parlamentos nacionales. 
Pichardo está consciente de lo que él denomina “la mala prensa”, pero lo ve normal porque asume que la prensa tiene que tener escepticismo en general hacia toda clase de actividades políticas. Pero al hablar de sus planes, amparados en las recientes reformas al estatuto de Tegucigalpa que concede nuevas facultades al Parlacén; por ejemplo, fiscalizar a las otras  instituciones del Sistema de Integración Centroamericana (Sica) y profundizar en las políticas institucionales, su entusiasmo contagia, porque al final, uno espera que políticos responsables encabecen las instituciones.
De ese modo, Pichardo habla de promover una política de cielos abiertos; de roming (telefónico) libre y de unión aduanera plena para la región a efecto de potenciar la actividad empresarial común.
Del mismo modo, entre sus planes está ampliar la influencia del Parlacén en el Caribe. Concretamente, Pichardo habla de incorporar como observadores a Haití y Cuba, así como adelantar la futura incorporación de Belice. Ya hay, de hecho, países observadores ante el Parlacén, tales como Taiwán, México y Venezuela.
Pero revertir la mala imagen de este organismo va a costar mucho si no va acompañado de medidas concretas que alcancen al ciudadano común, que no piense que el Parlacén es algo así como un Monte Olimpo donde viven unos semidioses que están lejos de la realidad.
A todo esto, las preguntas son: ¿a quién le corresponde potenciar la integración centroamericana? ¿Al Parlacén?, ¿a los gobiernos de los Estados? ¿o la demanda ciudadana? Parece que en definitiva hay una mutua responsabilidad.
Porque si los gobiernos no respaldan las instituciones centroamericanas y las amplían y las desarrollan, la integración no caminará, y si el Parlamento Centroamericano no aumenta su relación con la gente, la integración estará bajo mínimos. Y los temas que habría que abordar son muchos; apenas menciono algunos: migraciones intrafronterizas, memoria histórica y reconciliación, homologación de los pensa de estudios y títulos académicos, estandarización de derechos laborales y de salud, financiación común del desarrollo social y de infraestructura, etcétera.
Avanzar en tales desafíos, hará al Parlacén  relevante.

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